No sé si es la distancia que te da el tiempo, o porque de plano aprendí que las cicatrices del corazón nunca se cierran, pero hay algo que aun no tengo claro.....
¿Qué fuerza de la naturaleza tiene aquellos “efectos secundarios de la adolescencia” para que dejen literalmente botados todo un plan de conquista, que les hace gastar neuronas, nervios, y mas de algún peso, para lograr el cariño y la complicidad que una relación les entrega?
Todas tuvimos la disyuntiva en algún momento de la vida, de que nuestro Príncipe Azul nos dejara por la aparecida del fin de semana, que cambiara filete de primer corte (obvio, nosotras) por el chicle que se pegaron al zapato.
Sentir que todas las palabras lindas recitadas al oído, solo son parte del manual que se les entrega en las clases de Educación Física en plena pubertad, “Como engrupirse a una mujer en 10 fáciles pasos”.
Ja! Me los imagino llegando después de la practica de fútbol, característica de los trece años, y encontrar en los bolsos, cuidadosamente ordenados por la mamá y que ellos se demoran menos de un minuto en convertir en la hecatombe global, aquel pasquín heredado de las anteriores generaciones, y que cuidadosamente ha sido cuidado y cedido a los futuros “sementales”.
Convengamos que tampoco la hacemos fácil. Mientras ellos reciben los consejos escritos en… bueno, lo que sea, las chicas escuchamos las tácticas para volverlos locos, a través de los cometarios que se filtran por las paredes. Nos vamos nutriendo con los años, a punta de rumores, lecturas de revistas y las mismas experiencias, de las armas necesarias para conquistar y lograr el hombre que queremos.
Y cuando lo tenemos, ahí, comiendo de nuestras manos, nos preguntamos si en realidad son lo que soñamos. Vienen miles de preguntas a la mente que en algunos casos resultan en su Mayorga positivas, y continuemos con la aventura dejándonos y haciendo querer.
Pero ay! si a partir de alguna pregunta surge otra tan o mas dubitativa!!!! Tratamos de huir cuan presa de las fauces de la inseguridad… y nos alejamos prometiendo nunca jamás volver a verlos y… en esos casos…. No nos preguntamos si fue lo correcto o no…, somos nosotras las pérfidas gatas traicioneras que dejan llorando al niño de mamá. Y nos lanzamos sobre otra conquista… SIEMPRE mejor que la anterior.
El hombre debería aprender de eso, a mejorar siempre sus gustos, por último para que una se sienta perdedora ante una justa contrincante. No sentir que te cambiaron por tu copia barata y “hecha en china”.
Y que mas dá, en el peor de los casos te quedas mirando el horizonte un par de días, tratando de responderte si en verdad lo querías tanto como decías , si te quería tanto como profesaba… si realmente lo que dijo lo sentía…. Y POR QUE CON ELLA!!!!.
Pero te levantas, tomas aire… y coqueteas con la vida, convenciendo y convenciéndote, que aún hay un filete de primer corte dispuesto a encontrar el fino paladar que lo aprecie
Y ese filete eres tú.


